LocoSAPIEN´s

SIBARAP

.10 Diciembre 2025 | Colectivo LocoSAPIENs


Veinte años no se cumplen todos los días. Y menos en un municipio donde los procesos culturales han tenido que abrirse paso a punta de terquedad, autogestión y una fe casi irracional en que el arte tiene derecho a existir. SibaRAP nació así: Un 10 de diciembre de 2005 como un acto de insistencia, un parche de jóvenes que le dijeron a Sibaté que también había espacio para el rap, para el grafiti, para la danza urbana, para las apuestas alternativas que nadie veía “válidas” en su momento.

Su origen fue público. Abierto. Transparente. Una invitación a construir colectivamente. Un festival que fue, antes que un escenario, un proceso de territorio.

Hoy, dos décadas después, celebramos –o intentamos celebrar– esa historia. Pero como todo cuento de resistencia, SibaRAP lleva cicatrices.

Festival SIBARAP 2010, Imagen de archivo LCSPNS

Hacer memoria no es un lujo: es una necesidad para entender quiénes somos y de dónde viene lo que hoy celebramos. Porque antes de que Sibarap tuviera tarima, luces o nombre propio, hubo manos que sembraron raíces en un terreno donde nada parecido existía. Jóvenes que apostaron por un espacio que nadie ofrecía, que imaginaron un festival cuando apenas era una idea terca en medio de un municipio que no sabía que lo necesitaba. Recordar ese origen no es nostalgia: es reconocer el valor del camino andado, las luchas que lo hicieron posible y la responsabilidad que tenemos hoy de honrarlo sin distorsionarlo.

Flaco Flow - Festival SIBARAP 2005, Imagen de archivo LCSPNS

Sin embargo, en el afán de ganar protagonismo, algunos pocos han permitido que el pasado se desdibuje y se desconozca. Hoy se pretende contar solo una parte de la historia, la que conviene, la que acomoda, mientras otras voces y memorias quedan relegadas o se silencian. Y en ese intento de controlar el relato, se empiezan a repetir los mismos errores que alguna vez apagaron el festival: la falta de transparencia, los egos y la incapacidad de reconocer que un proceso nacido del territorio no puede fragmentarse para beneficio de unos cuantos.

Suena extraño, pero es la realidad. Sí, hablamos de 20 años de historia o raices, pero solo 9 versiones. ¿Por qué? Porque hubo un tiempo en que el festival murió. Y no por falta de artistas, ni de público, ni de ganas. Murió por algo mucho más concreto: voluntad política de las administraciones de turno. O mejor dicho, la ausencia de ella.

Durante años SibaRAP dejó de sonar, dejó de aparecer en el calendario cultural del municipio y quedó guardado en la memoria de quienes lo habían construido con las uñas. No fue un accidente: simplemente no hubo interés institucional para sostenerlo.

Por eso, es justo reconocer que hoy el festival ha tratado de revivir nuevamente gracias a una gestión actual que decidió apostarle, y una administración municipal actual que sí entendió que este proceso vale la pena. Esa voluntad política reciente le devolvió oxígeno, presupuesto y un lugar en la vida cultural de Sibaté. Eso es innegable. Y necesario decirlo.

Festival SIBARAP 2009, Imagen de archivo LCSPNS

Pero... ¿qué pasa cuando un proceso público termina siendo privatizado?


Aquí viene la parte incómoda, pero necesaria.

Aunque Sibarap renació, no lo hizo igual. En medio del regreso, han pasado cosas muy confusas, el nombre, la marca y la trayectoria ―que nacieron colectivamente― quedaron en manos privadas bajo el argumento de la gestión de recursos. Hoy son propiedad legal de unos pocos que conforman la junta directiva de la "Fundación SibaRAP". Y, en consecuencia, el poder de decisión sobre el festival también.

Lo que en sus inicios fue un proceso horizontal, comunitario, abierto… Hoy opera desde una lógica cerrada, donde las decisiones se toman entre pocos, aunque en público se hable de inclusión.

TZS - Festival SIBARAP 2008, Imagen de archivo LCSPNS

Este no es un ataque, es un llamado a la reflexión: ¿Cómo puede un festival que nació de lo común ser administrado bajo lógicas que excluyen a la misma comunidad que lo creó? ¿Cómo garantizar que lo público siga siendo público si las decisiones se centralizan? ¿Cómo evitar que la memoria se reduzca a un sello y no a un proceso de territorio?

SibaRAP le pertenece a la comunidad Hip Hop del municipio. A toda la comunidad. No a una junta, no a un nombre registrado, no a un pequeño círculo. Sino a la historia viva que lo sostiene y de la cual unos pocos ahora se aprovechan.

Que esta celebración sea un punto de partida, no un trofeo. Un momento para mejorar, abrir, corregir, devolver y construir. Porque si algo ha demostrado este festival desde su origen es que cuando se trabaja desde lo público y lo comunitario, el arte no solo vibra: transforma.

Festival SIBARAP 2009, Imagen de archivo LCSPNS

El tiempo pasa sin pedir permiso, y con él llegan nuevas generaciones que crecieron viendo el festival como parte natural de su paisaje, como si siempre hubiera estado ahí. Hoy pisan el SibaRAP casi por primera o segunda vez, pero que ya lo sienten propio, porque lo han visto desde pequeños. En ellos está la prueba de que los procesos culturales trascienden a quienes los iniciaron: se vuelven herencia, semilla y responsabilidad compartida.